¿Por qué Jesús se encamina con paso firme hacia
Jerusalén? Lucas escribe un preámbulo importante (Evangelio): para Jesús se iba
cumpliendo el tiempo de su Pascua de muerte y resurrección y Él “tomó la
decisión de ir a Jerusalén” (v. 51; cf Jn 13,1). Para indicar una decisión
firme, en el lenguaje bíblico (cf Is 50,7) se diría: Jesús ‘endureció el
rostro’; hoy nosotros diríamos: ‘apretó los dientes’ y emprendió ese viaje
decisivo.
En el trayecto de este gran viaje, Lucas condensa 10
intensos capítulos de enseñanzas, milagros, parábolas de Jesús. Toda la vida de
Jesús se presenta como un viaje: un viaje desde el Padre al mundo y del mundo
al Padre, pero, a la vez, un viaje por las rutas del mundo, caminando con la
humanidad y con la Iglesia: “Yo estoy con ustedes todos los días” (Mt 28,20).
Igualmente, la vida del discípulo se presenta como un
camino siguiendo los pasos de Cristo. Creer significa caminar con Él, recorrer
con Él la misma ruta. En el libro de los Hechos, Lucas llama todo el movimiento
inaugurado por Jesús con el nombre de “Camino” (Hch 9,2; 19,9; 19,23; 24,22). En
este Camino, es decir, en el seguimiento de Cristo, los discípulos van a
encontrar obstáculos, impedimentos, caídas, derrotas... Lo mismo que le ocurrió
a Jesús. Él acaba de emprender, con determinación, la ida hacia Jerusalén y
enseguida los samaritanos le impiden el paso. Pero Jesús no los condena, antes
bien enseña a los discípulos a no vengarse con amenazas de fuego (v. 54-56). El
único fuego que Jesús ha venido a traer (Lc 12,49) y que la tierra necesita es
el Espíritu Santo, el único capaz de transformar el corazón de las personas.
Jesús emprende enseguida su camino, un camino imparable.
Y “mientras iban de camino” (v. 57) -es el camino de Jesús y el de sus
discípulos-Lucas coloca
emblemáticamente tres casos de vocaciones, con las correspondientes respuestas
de Jesús, todas proverbiales y radicales. En los tres casos aparece el verbo
‘seguir’ (v. 57.59.61), como para indicar el movimiento propio del discípulo
que sigue los pasos del Maestro. En el primer caso, Jesús detiene al
espontáneo, invitándolo a discernir sobre las consecuencias del seguimiento (v.
57-58). En el segundo, Jesús estimula al tradicionalista para que vaya más allá
de las costumbres de siempre (v. 59-60). En el tercero, Jesús exhorta al
perezoso a asumir la urgencia prioritaria del Reino que ha de anunciar y servir
(v. 61-62). En este contexto vocacional, la liturgia de hoy presenta también la
invitación al nuevo profeta Eliseo, llamado a suceder a Elías (I lectura).
Son exigencias que corresponden a todo cristiano, llamado
a seguir los pasos de Cristo. Con atención particular para las vocaciones de
especial consagración. (*)Sin embargo,
más que de exigencias, hay que hablar de ‘tres dones de libertad’, que el Señor
hace a los que Él llama y que deciden seguirle. En efecto, Jesús libera de las
esclavitudes que radican en las cosas (algunas pueden incluso faltar), en los
afectos (el anuncio del Reino vale más que los lazos familiares), en el propio
pasado (la novedad del Reino es prioritaria). La fidelidad al llamado de Cristo
nos hace libres para amar y servir mejor a los hermanos (oración colecta). Tal
es el gozo pleno para el que sigue al Señor “en el sendero de la vida” (salmo
responsorial). Es el gozo de quien experimenta la libertad de Cristo (II
lectura).
Cabe recordar en este contexto el comentario de un amigo
periodista: “Hoy, igual que hace dos mil años, Cristo pide a millones de
personas que lo sigan con una decisión radical, sin añoranzas. ¡La llamada! No
para el servicio militar o para embarcarse, ni para un puesto de trabajo...
Sino para decidir sobre la propia vida. No existe, quizás, un momento más
solemne, cargado de consecuencias para cada uno, cuando se escucha la llamada y
uno decide. Para todos llega ese momento. Para millones de hombres y mujeres,
esa llamada viene de un personaje histórico preciso: Jesús de Nazaret. Su voz,
descodificada de mil maneras, tiene siempre el mismo imperativo: ‘Sígueme’.
Obviamente, esto no es asunto sólo de monjes, religiosas, curas o
contemplativos. Hay para cada uno una vocación al seguimiento, al discipulado
de Jesús: soltero, casado, intelectual, comerciante, actriz...” (Horacio
Petrosillo). Libertad, fidelidad, gozo, son las notas de una persona llamada a
llevar por doquier el Evangelio… hasta la última llamada del Señor.